El peor escenario posible podría hacerse realidad: riesgos para el suministro de petróleo y GNL
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A un mes de los ataques en Irán, el mercado energético global enfrenta su segundo peor escenario de crisis. El Estrecho de Ormuz, punto neurálgico por donde transitaban 19 millones de barriles diarios, se encuentra prácticamente cerrado al comercio marítimo. Esta parálisis ha generado un déficit global de 12 millones de barriles por día, dejando a las refinerías, especialmente en Asia, operando bajo mínimos y buscando alternativas desesperadamente.
A pesar de los informes sobre éxitos militares, la realidad logística es crítica: la inseguridad para la navegación persiste. Irán ha demostrado capacidad para golpear infraestructura clave en el Golfo Pérsico, lo que mantiene en vilo la agenda económica mundial. El riesgo de una escalada mayor, que incluya ataques a oleoductos y refinerías regionales, amenaza con desatar una destrucción de infraestructura sin precedentes y una crisis de suministros prolongada.
El impacto en los precios es alarmante y ya se siente en las bolsas. El crudo Brent ha escalado un 59% desde el inicio del conflicto, situándose por encima de los 115 dólares. Sin embargo, la situación más dramática ocurre en los derivados: en el mercado asiático, el combustible para aviones y el diésel han duplicado su valor en apenas 30 días, reflejando una escasez de materia prima que empieza a contagiar a todos los mercados internacionales.
Aunque Arabia Saudí y los Emiratos Árabes intentan compensar las pérdidas mediante rutas alternas en el Mar Rojo y Fujairah, estos esfuerzos son insuficientes. La pérdida de más del 10% del suministro mundial de petróleo no puede cubrirse solo con reservas estratégicas. Además, la amenaza de un posible bloqueo en el estrecho de Bab el-Mandeb por parte de los hutíes complicaría aún más la logística hacia el Canal de Suez, elevando costos y tiempos de entrega.$BTC