El mercado vuelve a ver valor donde durante años solo vio riesgo
Hace algo más de cuatro meses, los directivos de las grandes cotizadas españolas con presencia en Venezuela se despertaron con una noticia que llevaban años esperando y para la que, en el fondo, no estaban del todo preparados: Nicolás Maduro había sido capturado por fuerzas estadounidenses. El tablero había cambiado. La pregunta, desde entonces, es si el giro es tan profundo como para convertir décadas de pérdidas en una oportunidad real de negocio.
EL PUNTO DE PARTIDA: AÑOS DE DESGASTE ACUMULADO
No había épica posible en los balances. Venezuela llevaba años siendo un problema enquistado en las cuentas de las grandes cotizadas españolas: un mercado demasiado grande para ignorarlo, demasiado inestable para monetizarlo y demasiado incierto para valorarlo con normalidad.
BBVA llevaba más de una década preservando en el país un negocio cada vez menos rentable, erosionado por la devaluación, el control de capitales y las restricciones regulatorias. Repsol acumulaba miles de millones comprometidos entre créditos pendientes, facturas impagadas y provisiones sobre activos deteriorados. Telefónica, por su parte, había decidido salir del país, dispuesta a vender su filial venezolana como quien liquida un activo incómodo para limpiar balance.
Ese era el punto de partida a comienzos de enero de 2026. No el de una oportunidad, sino el de tres compañías atrapadas en una misma lógica: seguir en Venezuela era caro, salir tampoco salía gratis.
REPSOL: DEL AGUJERO CONTABLE AL GIRO OPERATIVO
El cambio más profundo en Venezuela no lo ha protagonizado BBVA, sino Repsol. Y no solo porque el mercado vuelva a mirar sus cuentas con menos recelo, sino porque por primera vez en años el giro ya no es solo contable: también es operativo.
La petrolera cifra en 4.550 millones de euros su exposición recuperable en Venezuela, entre créditos pendientes con PDVSA, facturas impagadas y provisiones acumuladas sobre activos deteriorados. De esa cifra, 3.587 millones ya están provisionados. Es decir: la compañía ya absorbió buena parte del golpe en balance. Ahora el mercado empieza a valorar cuánto de ese castigo puede deshacer.
Pero el verdadero giro está en otro sitio. La mejora del contexto ya se ha traducido en un acuerdo con Caracas y PDVSA que devuelve a Repsol el control operativo de sus activos, blinda mecanismos de cobro y le permite volver a crecer en el país con una hoja de ruta concreta.
Ese es el punto de inflexión. El nuevo marco no garantiza aún la recuperación de los 4.550 millones pendientes, pero sí protege el cobro de la producción futura, que era el verdadero cuello de botella operativo. El grupo no ha resuelto todavía su pasado en Venezuela, pero ha empezado a ordenar su futuro.
Y ese futuro vuelve a tener volumen. La petrolera prevé elevar un 50% su producción bruta en Venezuela en los próximos doce meses y triplicarla en tres años, según el acuerdo firmado con Caracas y PDVSA. No es todavía una recuperación plena. Pero por primera vez en mucho tiempo, Venezuela vuelve a parecer una palanca de crecimiento y no solo una contingencia contable.
BBVA: EL VALOR DE HABER AGUANTADO
En BBVA el cambio ha sido menos espectacular, pero igual de revelador. El banco ha elevado un 27,7% la valoración de su filial venezolana en el primer trimestre, hasta situarla por encima de los 200 millones de euros. Es la mayor revisión al alza entre todas sus franquicias internacionales en el periodo.
No significa que Venezuela haya dejado de restar. Su exposición al país cerró 2025 con un impacto negativo de 75 millones de euros, de los que 41 millones fueron atribuidos al grupo. En 2024 el impacto rondó los 20 millones; en 2023, unos 10 millones. El negocio sigue penalizado por la divisa y por las restricciones a la repatriación de dividendos. Pero BBVA vuelve a hacer algo que llevaba años sin hacer: asignarle más valor.
Ese es el mensaje. No ha vuelto la rentabilidad, pero sí la opcionalidad. Su presidente, Carlos Torres, ha dejado claro en distintos foros que BBVA no tiene intención de retirarse de Venezuela precisamente ahora que el contexto empieza a cambiar, después de haber resistido lo peor del ciclo. El banco mantiene una cuota cercana al 16% del mercado financiero venezolano y ha empezado a mover ficha. No gana dinero, pero vuelve a justificar estar.
TELEFÓNICA: DE ACTIVO INCÓMODO A ACTIVO NEGOCIABLE
El caso de Telefónica es menos contable y más estratégico. La operadora no ha vendido Venezuela, pero ya no necesita hacerlo a cualquier precio. Y esa diferencia cambia bastante.
Tras cerrar la venta de México, Venezuela quedó como el último gran activo pendiente en la retirada latinoamericana del grupo y también como el más difícil de colocar. No porque no tuviera tamaño, sino porque tenía demasiado riesgo.
Hoy sigue siendo complejo, pero menos invendible. Telefónica gana margen para replantear los tiempos de salida y aspirar a una mejor valoración. En ese escenario, Millicom aparece como el comprador industrial más plausible: ya ha absorbido buena parte del perímetro Hispam y ha puesto Venezuela en el centro de su estrategia de expansión.
De hecho, en la conferencia de resultados del cuarto trimestre, su vicepresidente de Finanzas, Bart Vanhaeren, fue explícito: "¿Cuáles son los mercados importantes que quedan? Venezuela y Perú". No hay operación cerrada. Pero por primera vez en mucho tiempo, sí hay lógica industrial.
VENEZUELA YA NO COTIZA SOLO COMO RIESGO
La transición política en Venezuela sigue bajo tutela estadounidense, con Delcy Rodríguez al frente de un chavismo más pragmático que reformista y una estabilidad todavía funcional, pero lejos de estar consolidada.
Nada de eso ha desaparecido. BBVA no ha vuelto a ganar dinero, Repsol no ha cobrado aún todo lo pendiente y Telefónica no ha vendido. Pero las tres han dejado de tratar Venezuela solo como un problema. Y en mercado, a veces el primer cambio no está en el negocio. Está en volver a ponerle precio a algo que el mercado llevaba años descontando a cero.

