¿Privatización atómica? El nuevo truco de magia para rifar nuestro futuro
Parece que en la Casa Rosada se quedaron sin ideas para rellenar la planilla de Excel y decidieron que lo más divertido ahora es jugar a la "liquidación total" con lo que queda de infraestructura en el país. El nuevo blanco de la voracidad oficial es Nucleoeléctrica Argentina (NA-SA), la empresa que maneja nuestras centrales atómicas: Atucha I, Atucha II y Embalse.
¿La jugada? Muy sencilla: a través de la Ley Bases y sus decretos reglamentarios, el Gobierno decidió que es un gran momento para vender el 44% de las acciones mediante licitación pública. Porque claro, para qué queremos soberanía energética si podemos tener una linda comisión de venta y un inversor privado que, seguramente, va a priorizar la "eficiencia" antes que el servicio, ¿no?
Es el cuento de nunca acabar. Dicen que el Estado se va a quedar con el 51%, manteniendo la mayoría. ¡Qué tranquilidad! Es como cuando te dicen que sos dueño de la casa, pero le alquilaste la llave y el control de la luz a alguien que viene a maximizar ganancias mientras vos hacés la cola para pagar la tarifa.
¿Qué es lo que realmente están vendiendo? La gestión de la energía nuclear, un sector que requiere ciencia, conocimiento y, sobre todo, una visión de largo plazo que brilla por su ausencia en los despachos actuales. Mientras el mundo pelea por recursos estratégicos, nosotros estamos haciendo un remate de garaje de nuestras joyas de la corona.
La resistencia no es un capricho. Es la consecuencia de ver cómo rifan empresas que, con sus aciertos y errores, son la base de lo poco que todavía funciona. ¿Cuál es el plan detrás de esto? ¿Bajar el déficit un par de puntos vendiendo el futuro, o simplemente asegurarse de que los amigos de la casa tengan un asiento en la mesa de las decisiones energéticas?
Lo más gracioso —por no decir trágico— es la velocidad con la que avanzan con esto, como si vender una central nuclear fuera lo mismo que vender un puesto de diarios. La "eficiencia" que pregonan es, en realidad, un cheque en blanco para el mejor postor, dejando de lado cualquier debate serio sobre qué significa esto para la soberanía nacional.
Así que ya saben: mientras seguimos analizando si el sueldo llega al día 15, ellos están ocupados cerrando el negocio de las centrales. La pregunta para ustedes, que están del otro lado de la pantalla, es: ¿Creen que privatizar nuestra energía nuclear es el camino a la modernidad, o es simplemente el último acto de una obra que termina mal para todos nosotros?
Los leo en los comentarios. ¿Estamos ante un avance tecnológico o ante el remate de lo que nos queda? 👇

