El gato de Roberto, "Señor Pelusas", no es una mascota común; es un crítico de arte frustrado. Ayer, Roberto dejó su lienzo a medio pintar para ir al baño. Al volver, Pelusas había caminado sobre la paleta de colores y luego sobre el cuadro, creando una explosión neón de huellas dactilares.
Roberto, indignado, iba a regañarlo, pero un vecino entró, vio la obra y exclamó: "¡Es sublime! Te doy mil dólares". Ahora Pelusas tiene su propia galería y Roberto es solo su representante.