En varios mercados populares del oriente y centro del país, se hizo famosa la figura de comerciantes de la tercera edad que, sin saber usar un smartphone moderno, aceptaban pagos en Litecoin o Dash.
Lo fantástico: Se cuenta de un vendedor de hortalizas que anotaba las transacciones en un cuaderno escolar, comparando el precio del tomate con el "precio del satoshi" que le dictaba su nieto por radio.
La realidad: Durante los picos de hiperinflación, el trueque digital se convirtió en la única forma de salvar el valor de las ventas del día ante la devaluación horaria del bolívar.
