Imagina esto: estás en 2030, vas al súper, sacas un billete de 20 dólares, y mientras lo sostienes sientes que literalmente se está evaporando entre tus dedos. No es magia, es inflación en esteroides. El dinero físico ya no es solo “poco práctico”, empieza a sentirse como sostener una barra de hielo en pleno verano.

Mientras tanto, en otra esquina del planeta (o en tu propia wallet), hay gente mirando su saldo de BTC y pensando: “Ok… esto sigue aquí”. No se derrite. No lo puede imprimir nadie con una impresora de billetes en el sótano del banco central. No depende de que el gobierno de turno decida que “este año toca devaluar el 40% porque sí”.

La narrativa del refugio de valor está cambiando de manual, y no porque Bitcoin sea perfecto (todos sabemos que sigue siendo una montaña rusa emocional), sino porque el resto de opciones tradicionales están mostrando cada vez más grietas muy grandes y muy visibles:

  • El oro físico: genial, pero lo tienes que guardar, asegurar, transportar, y si algún día lo necesitas rápido… buena suerte vendiendo 3 lingotes a las 11 de la noche.

  • Bonos del gobierno: cada vez que suben las tasas, el precio cae. Y cuando las bajan para “estimular”, la inflación se los come.

  • El efectivo: el rey de la practicidad… hasta que la inflación anual empieza a parecerse más a un castigo medieval que a un fenómeno económico. 30-50-80% en algunos países en pocos años. El dinero en el colchón ya no es meme, es estrategia de supervivencia… pero de supervivencia mediocre.

Y luego está Bitcoin.

No digo que vaya a ser estable como un reloj suizo (todavía no).
No digo que no vaya a haber caídas del 60-70% otra vez (seguramente sí).
Pero cada vez que pasa un ciclo, el piso desde el que rebota está mucho más arriba que el ciclo anterior. Y eso, en un mundo donde casi todos los demás activos reales están perdiendo poder adquisitivo sostenidamente… empieza a parecerse muchísimo a un refugio.

El efectivo físico se quema.
Literalmente se quema en el sentido figurado (inflación), y cada vez más gente empieza a sospechar que también podría quemarse en el sentido literal (¿cuántos países más van a ponerle fecha de caducidad al billete?).

Mientras tanto Bitcoin sigue siendo digital, escaso por diseño, descentralizado, censurable con mucha dificultad y, sobre todo: no depende de la buena voluntad de un señor con corbata que decide cuántas unidades más van a existir este año.

Así que sí, puede sonar exagerado en 2025… pero cada vez menos gente se ríe cuando alguien dice:

“El efectivo se está quemando en la mano… y yo prefiero guardar mi riqueza en algo que no se pueda imprimir mientras duermo.”

¿Locura de maximalista?
Puede ser.
Pero cada día que pasa, suena un poquito menos loco y un poquito más… ¿inevitable?

Tú dirás en qué bando quieres estar cuando el papel empiece a arder de verdad.