En los próximos 2 a 5 años, esperamos que el oro y Bitcoin dejen de verse como competidores para actuar como un estándar de reserva dual. Mientras el oro físico ancla las reservas de los Estados-Nación ante la desglobalización, su versión tokenizada se convertirá en la "moneda base" de las redes de Capa 2 (L2) para pagos transfronterizos.

​La adopción masiva vendrá de la mano de la fraccionalización. En 2028, no será raro que un ciudadano en una zona de conflicto preserve su poder adquisitivo comprando "miligramos" de oro mediante una aplicación móvil, con la misma facilidad con la que hoy se envía un mensaje de texto.