Se creen gigantes por tener dinero, poder o influencia… pero frente al universo entero somos apenas una chispa diminuta en medio de algo imposible de comprender.
La existencia sigue millones de años después de cualquier imperio, red social o persona que alguna vez se sintió “intocable”.

El humano olvida rápido lo pequeño que es.
Mira el cielo una noche y entiende que todos los egos, peleas y ambiciones son polvo flotando en una galaxia entre miles de millones.

Por eso muchos confunden poder momentáneo con eternidad.
Pero el universo no reconoce títulos, fama ni riqueza. Solo tiempo… y el tiempo termina poniendo a todos en el mismo lugar.