Hoy todo el mundo está hablando de Apple porque viene la presentación de su nuevo producto, el iPhone Air. Sí, será el evento esperado con el nuevo teléfono, pero lo que realmente está en juego no es el hardware, no es la cámara ni la pantalla. Lo que de verdad importa ahora es la inteligencia artificial.

Apple lleva tiempo quedándose atrás en este terreno. Mientras tanto, Google ya tiene a Gemini integrado en su Pixel. Aunque todavía no sea perfecto, demuestra lo que significa tener un sistema operativo y un dispositivo con inteligencia artificial funcionando de forma conjunta. Apple en cambio no ha dado ese paso. Y no es porque no tenga dinero ni recursos, es porque simplemente va tarde.

Eso también se refleja en su gente. Muchos ingenieros se han ido a la competencia, algunos a Meta, otros a XAI, otros a Google, porque ahí están los proyectos más ambiciosos de inteligencia artificial. Y es lógico: si quieres trabajar en lo último de lo último, te vas a donde ya están desarrollando las ideas grandes.

Al mismo tiempo, hay rumores de que Apple podría comprar una empresa como Perplexity AI. Y tendría todo el sentido, porque cuando no llegas a tiempo con tu propia tecnología, lo que haces es comprar a alguien que ya va más avanzado. Es un movimiento típico: lo que no construyes, lo adquieres.

El problema es que el mercado no se queda esperando. Los inversionistas quieren ver resultados ya. Quieren ver cómo Apple compite en serio en inteligencia artificial, no solo que saque teléfonos más delgados, más ligeros o con una cámara un poco mejor. Quieren integración real de inteligencia artificial en el ecosistema Apple.

Por eso, la expectativa alrededor de la presentación no está en el nombre del iPhone ni en sus mejoras técnicas. Está en si Apple finalmente va a mostrar músculo en inteligencia artificial. Si lo hace, puede recuperar confianza. Si no lo hace, seguirá creciendo la narrativa de que está un paso detrás de Google, de que está perdiendo talento clave y de que su futuro en este campo depende más de abrir la chequera para comprar innovación que de su propia capacidad para crearla.