Anoche no fue un “trade perfecto”.
Fue algo mejor: un trade bien pensado.
No hubo prisa.
No hubo FOMO.
No hubo necesidad de tener razón.
Solo hubo lectura, paciencia y gestión.
Entre cuando el mercado estaba incómodo.
Cuando el precio caía y el ruido decía “esto puede seguir bajando”.
Ahí, justo ahí, es donde suele estar el suelo… no porque lo adivines, sino porque el contexto lo permite.
La entrada fue buena, sí.
Pero eso no es lo importante.
Lo importante vino después.
Seguimos la operación paso a paso, sin anticiparnos.
El precio se movía en una zona confusa, llena de resistencia, donde todo podía girarse en cualquier momento.
Por eso, en lugar de “esperar lo máximo”, hicimos lo básico bien: primero mover el stop a break-even, luego ir subiéndolo poco a poco, hasta un punto donde nos sentíamos cómodos dejando que el mercado hiciera lo que quisiera.
Si saltaba, bien.
Si seguía, mejor.
Asegurar beneficios no es rendirse.
Es entender que el mercado no te debe nada.
Cerrar cerca de resistencia no es suerte. Es aceptar que el mercado siempre puede más que tu ego.
El resultado fue positivo, claro.
Pero el verdadero beneficio fue otro:
No forzar.
No sobreoperar.
No improvisar.
No esperar ese “un poco más” que tantas veces acaba mal.
Este tipo de sesiones no te hacen sentir invencible.
Te hacen sentir tranquilo.
Y eso, en trading, vale más que cualquier porcentaje.
Mañana el mercado volverá a abrir.
Y volverá a ponerte a prueba. Pero hoy no se trata de ganar más. Se trata de haber hecho las cosas bien.
Y eso también cuenta como victoria.


