En el universo cripto, hay proyectos que nacen con fuerza, otros que mueren en silencio, y unos pocos que deciden reinventarse. Vanry (VANRY) pertenece a esta última categoría. No es simplemente un token barato que sobrevive en los exchanges; es la historia de una segunda oportunidad en un mercado que rara vez perdona.
Vanry no apareció de la nada. Antes se llamaba Virtua (TVK), un token que en su momento prometía un ecosistema de entretenimiento digital, pero que terminó perdiendo relevancia. En 2023, se hizo un swap 1:1 hacia VANRY, con la idea de darle un aire fresco y una narrativa más sólida: convertirse en un Layer 1 dentro del ecosistema Binance.
Este cambio no fue solo técnico, fue simbólico. Vanry se presentó como un proyecto que decía: “No estamos muertos, estamos evolucionando.”
📉 El peso de la caída
En 2021, Virtua (ahora Vanry) llegó a un máximo histórico de $1.22 USD. Hoy, Vanry apenas ronda los $0.009 USD. Eso significa una caída de más del 99%.
Pero aquí está lo interesante: en un mercado donde la mayoría de tokens que caen nunca se levantan, Vanry sigue vivo. Tiene más de 11 mil holders que, pese a todo, mantienen la fe. Es como ese equipo de fútbol que perdió casi todos los partidos, pero aún llena la tribuna con hinchas que creen en el milagro.
⚙️ Lo que Vanry quiere ser
Vanry se define como un Layer 1 blockchain, lo que significa que no depende de otra red para validar sus transacciones. En teoría, esto le da independencia y la posibilidad de construir su propio ecosistema de aplicaciones.

El reto es enorme: competir contra gigantes como Ethereum, Solana o Avalanche, que ya tienen comunidades, desarrolladores y casos de uso reales. Vanry, por ahora, es más una promesa que una realidad.