Últimamente siento que muchas personas en Venezuela estamos viviendo una especie de cansancio financiero constante.
Trabajo, genero ingresos, intento organizarme mejor… y aun así siento que ahorrar cada vez cuesta más. Y honestamente, durante mucho tiempo pensé que el problema era simplemente mío. Que quizás me estaba administrando mal o que no estaba tomando buenas decisiones.
Pero mientras más observo lo que ocurre alrededor, más entiendo que el entorno económico también influye muchísimo en cómo una persona siente sus finanzas personales.
Por ejemplo, el USDT terminó convirtiéndose en algo cotidiano para muchísima gente. Ya ni siquiera se percibe únicamente como “cripto”. Mucha gente lo usa para ahorrar, cobrar, comprar productos o intentar proteger un poco su dinero frente a la pérdida de valor del bolívar.
Reuters reportó recientemente que empresas y comercios venezolanos han incrementado el uso de stablecoins vinculadas al dólar debido a las limitaciones del sistema financiero tradicional y la dificultad para acceder a divisas. Y sinceramente, cuando uno vive aquí, entiende perfectamente por qué ocurre eso.
El problema es que, en la práctica, proteger valor también tiene costos.
En mi caso, muchas veces debo moverme mediante la banca privada o P2P. Ahí empiezan los diferenciales, las tasas distintas, las comisiones y esas pequeñas pérdidas que parecen mínimas por separado, pero que juntas terminan pesando muchísimo.
Por ejemplo:
si compras 100 USDT y entre diferencial de compra, venta y comisiones pierdes entre 6 y 8 dólares en el proceso, realmente estás perdiendo entre 6% y 8% del capital solo por intentar mantener valor.
Y cuando el ingreso mensual ya viene limitado, ese porcentaje se siente muchísimo.
Ahí fue cuando entendí algo que me golpeó bastante: muchas personas ya no están pensando en “crecer financieramente”, simplemente estamos intentando no retroceder. y eso cambia completamente la forma en que uno percibe el dinero, porque trabajas y te esfuerzas… pero incluso con planificaciones estrictas no se ven los resultados, ya que día a día los precios siguen subiendo y por ende el dinero pierde fuerza demasiado rápido.
Buscamos día a día otros "caminos verdes" y poco a poco empieza una sensación de desgaste mental. estamos esforzandonos constantemente sin sentir verdadera estabilidad.
Asdrúbal Oliveros, director de Ecoanalítica, ha explicado en distintas entrevistas que Venezuela funciona actualmente bajo una dolarización fragmentada, donde conviven bolívares, efectivo, Zelle y stablecoins como USDT. Y honestamente, creo que esa palabra —fragmentada— describe bastante bien lo que se siente vivir financieramente aquí.
Porque todo parece tener fricción: Mover dinero tiene fricción, ahorrar tiene fricción, comprar tiene fricción, planificar tiene fricción.
Incluso el uso masivo de $USDT , aunque ha ayudado muchísimo a muchas personas, también trae riesgos y costos que casi nunca se hablan con suficiente honestidad, pero que definitivamente —por lo menos para mí— es de las mejores opciones, no tengo que llevar efectivo a la casa de nadie, ni tengo que esperar días para poder cambiar mi dinero.
Pero mi post va de la sensación permanente de incertidumbre, porque no puedo confirmar cómo estará la economía venezolana dentro de seis meses, no puedo confirmar si el USDT seguirá siendo la mejor herramienta para proteger mis ahorros e inversiones. no puedo confirmar si ahorrar hoy realmente alcanzará mañana...
Pero sí puedo confirmar algo: muchísimas personas están sintiendo el mismo agotamiento financiero aunque trabajen muchísimo.
Y quizás una de las conversaciones más necesarias ahorita sea precisamente esa:
cómo conservar estabilidad emocional y financiera dentro de un entorno donde casi todas las decisiones económicas tienen algún costo oculto. Te leo...
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