Toby, un beagle con olfato de detective y cero remordimientos, decidió que el pastel de bodas de mi hermana era un "bufet libre". Mientras todos brindaban en el jardín, Toby usó una silla como trampolín y aterrizó sobre la crema de vainilla. No solo se comió a los novios de plástico, sino que cuando lo encontramos, tenía la cara tan blanca que parecía un fantasma azucarado. Intentó ladrar para disimular, pero solo le salió un estornudo lleno de chispitas de colores. ¡Al final, él fue el único invitado que terminó con una indigestión de pura felicidad!
