Ayer andaba revisando las alertas de ciberseguridad y me topé con un chisme de terror que me dejó helada, un caso real que acaba de cerrar su investigación el FBI y que es pura manipulación psicológica.
Las víctimas de este cuento fueron Peter y Diane Hata, un pastor de iglesia retirado y una maestra de escuela en Covina, California. Dos viejitos que pasaron toda su vida ayudando a su comunidad y que, en cuestión de meses, lo perdieron absolutamente todo por culpa de unos criminales sin escrúpulos. Todo empezó con una llamada telefónica normal. En la pantalla del teléfono de los ancianitos aparecía que llamaba el "Servicio Postal de los EE.UU." (una técnica de hackeo llamada spoofing para imitar números reales). Al contestar, una voz seria les dijo que interceptaron un paquete ilegal a su nombre y, para meterles terror, los transfirieron de inmediato con "agentes especiales del FBI".
En la línea se presentó un supuesto agente federal. Para que el engaño fuera perfecto, los criminales les enviaron por correo electrónico documentos oficiales del gobierno falsificados, con logos clonados del FBI y firmas de directores reales. Les metieron el cuento de que sus nombres eran los sospechosos principales en una red gigante de lavado de dinero de un gerente de banco en Nueva York.
Aquí viene la parte más maquiavélica: los falsos agentes les prohibieron estrictamente hablar con sus hijos, con amigos o con la policía local. Los amenazaron diciéndoles que era una investigación de seguridad nacional ultra secreta, y que si le contaban a alguien, violarían la ley federal y los meterían a la cárcel de por vida inmediatamente.
Imagínense el pánico de estos señores de más de 70 años. Los estafadores los llamaban todos los días a su casa, manteniéndolos aislados, paranoicos y en un estado de terror constante durante meses.
Una vez que los tuvieron completamente dominados por el miedo, los criminales les dieron la "solución" para limpiar sus nombres: "Para demostrar que su dinero es legal y no viene del crimen organizado, tienen que vaciar sus cuentas bancarias y mover los fondos al sistema criptográfico de seguridad del FBI para que nuestros analistas verifiquen el código de los billetes".
Los ancianitos, confiando ciegamente en que cooperaban con la ley, hicieron lo impensable: vaciaron todas sus cuentas de ahorros de jubilación, sacaron un préstamo hipotecario sobre su propia casa (un préstamo de equidad) y compraron y transfirieron un total de $850,000 dólares en criptomonedas a las billeteras digitales que los estafadores controlaban.
En el momento en que se confirmó la última transacción en la blockchain, los "agentes del FBI" desaparecieron de la faz de la tierra. Los teléfonos se apagaron y los correos rebotaron. Al ver que nadie les respondía, la pareja decidió llamar a la verdadera oficina del FBI... y ahí se les cayó el mundo encima. Los oficiales reales les confirmaron que todo había sido un fraude.
Hoy, Peter y Diane se enfrentan a la dolorosa realidad de perder la casa donde vivieron por más de 37 años. Las criptomonedas se movieron a través de mezcladores de transacciones en segundos, haciendo casi imposible rastrearlas.
Ninguna agencia del gobierno (ni el FBI, ni la policía, ni Hacienda) te va a llamar por teléfono a pedirte dinero, a exigirte que compres criptomonedas, ni a amenazarte con la cárcel en secreto. Si te presionan para actuar rápido, ¡CUELGA EL TELÉFONO!
¿Habían escuchado de este método de estafa? Cuiden mucho a los adultos mayores de su familia porque los cazadores de la red andan sueltos.
¡Los leo en los comentarios! 👇💬
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