El partido entre la Selección de Portugal y la Selección de Colombia, disputado en el cierre de la fase de grupos de la Copa del Mundo, dejó sensaciones encontradas. En mi opinión, tácticamente fue un choque fascinante donde ambos equipos exhibieron propuestas muy distintas, pero con un desenlace que castigó la falta de contundencia del conjunto luso.Desde el pitido inicial, quedó claro que la principal virtud de Portugal radica en su brillante zona medular, controlando los tiempos del juego y buscando conectar constantemente con sus figuras. Sin embargo, la gran interrogante que sigue marcando el devenir del equipo es el rol de Cristiano Ronaldo dentro del esquema. En mi perspectiva, exigirle ser el eje absoluto del ataque a estas alturas ya no es sostenible para el máximo nivel competitivo, y el equipo a menudo fluye con mayor dinamismo y creatividad cuando el juego pasa por mediocampistas como Bruno Fernandes.Por el lado de Colombia, me pareció un equipo sumamente inteligente y disciplinado. El cuadro sudamericano demostró una gran capacidad de sufrimiento, cerrando los espacios y aprovechando la velocidad por las bandas para generar peligro a través de transiciones rápidas. Los dirigidos por Néstor Lorenzo entendieron a la perfección cómo neutralizar las individualidades europeas mediante un bloque defensivo compacto y una presión constante en la segunda mitad del campo.
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