Mentes Resilientes: Cambiando el trauma por jugadas de ajedrez
Moverse de casa a la fuerza después de un terremoto es un golpe durísimo, especialmente para los niños. El miedo, la incertidumbre y el estrés postraumático se quedan grabados en ellos. Como personal de salud, veo a diario este impacto, y por eso nace esta iniciativa en Cumaná: queremos armar un grupo de voluntarios para abrir una escuela de ajedrez comunitaria. No buscamos competir ni formar campeones mundiales, sino usar el tablero como un refugio mental, un espacio seguro donde estos niños puedan distraerse, hacer amigos y recuperar la calma.
¿Cómo lo vamos a hacer?
La idea es encontrarnos dos veces por semana, en sesiones cortas de una hora y media que dividiremos en cuatro momentos:
El arranque: Empezamos con dinámicas de grupo y ejercicios de respiración para bajar la ansiedad del día.
El juego: Explicamos las reglas y las piezas con cuentos y dinámicas divertidas, sin presiones.
La práctica: Los chamos juegan entre ellos mientras los voluntarios los acompañamos y guiamos las partidas en un ambiente de total compañerismo.
El cierre: Nos sentamos a conversar un rato sobre cómo se sintieron y compartimos una merienda.
¿Qué necesitamos para arrancar?
Para que esto ruede, necesitamos sumar fuerzas en tres áreas clave:
Espacios: Conseguir salones parroquiales, canchas techadas o escuelas locales que nos presten un lugar seguro.
Materiales: Hacer una campaña para recolectar tableros de ajedrez (pueden ser impresos en lona o cartón) y apoyo para las meriendas.
Manos amigas: Convocar a voluntarios con buena energía. Como personal sanitario, me encargaré de buscar psicólogos voluntarios que nos den una guía rápida a todos sobre cómo tratar y cuidar a niños que han pasado por un trauma emocional.
Al final, cada partida de ajedrez será una excusa para enseñarles que, aunque la vida a veces nos ponga en jaque, siempre hay un movimiento para salir adelante
Moverse de casa a la fuerza después de un terremoto es un golpe durísimo, especialmente para los niños. El miedo, la incertidumbre y el estrés postraumático se quedan grabados en ellos. Como personal de salud, veo a diario este impacto, y por eso nace esta iniciativa en Cumaná: queremos armar un grupo de voluntarios para abrir una escuela de ajedrez comunitaria. No buscamos competir ni formar campeones mundiales, sino usar el tablero como un refugio mental, un espacio seguro donde estos niños puedan distraerse, hacer amigos y recuperar la calma.
¿Cómo lo vamos a hacer?
La idea es encontrarnos dos veces por semana, en sesiones cortas de una hora y media que dividiremos en cuatro momentos:
El arranque: Empezamos con dinámicas de grupo y ejercicios de respiración para bajar la ansiedad del día.
El juego: Explicamos las reglas y las piezas con cuentos y dinámicas divertidas, sin presiones.
La práctica: Los chamos juegan entre ellos mientras los voluntarios los acompañamos y guiamos las partidas en un ambiente de total compañerismo.
El cierre: Nos sentamos a conversar un rato sobre cómo se sintieron y compartimos una merienda.
¿Qué necesitamos para arrancar?
Para que esto ruede, necesitamos sumar fuerzas en tres áreas clave:
Espacios: Conseguir salones parroquiales, canchas techadas o escuelas locales que nos presten un lugar seguro.
Materiales: Hacer una campaña para recolectar tableros de ajedrez (pueden ser impresos en lona o cartón) y apoyo para las meriendas.
Manos amigas: Convocar a voluntarios con buena energía. Como personal sanitario, me encargaré de buscar psicólogos voluntarios que nos den una guía rápida a todos sobre cómo tratar y cuidar a niños que han pasado por un trauma emocional.
Al final, cada partida de ajedrez será una excusa para enseñarles que, aunque la vida a veces nos ponga en jaque, siempre hay un movimiento para salir adelante