Este dolorcito ¿qué es? Es el versátil desencanto en las manos y la saliva. Le fuiste a escribir lo que no le interesa, lo que no te pidió, lo que no leerá jamás. A vos no te quiere, con reiteradas formas y gestos ya te lo dijo. Andate y ponete un jersey que aunque corras hará frío.
El rostro de él era para ella una bolsa de frituras con mucho limón y espolvoreadas de azúcar. El azúcar le gustaba. Las frituras eran el puente entre el gustar y la mecánica costumbre de consumir algo solo porque sí. El limón, ese sí, era de sus frutas predilectas. Lo que no funcionaba era la mezcla, todo junto. Entonces él no funcionaba para ella, o no como él quería.
La membrana entre dos mundos se entreabrió y la campana se convirtió en vuelo y el vuelo en mosca. (...) La mosca me había salvado y sin embargo, la maldije.
Heme aquí, acostada entre la maleza, con mi cicatriz con forma de hoja de roble en mi antebrazo derecho y mi vestido naranja manchado del brillo verde del listón que se amarra de atrás. El nombre que me dio mi madre es Zulema, mi papá nomás me heredó mi piel carbonizada y mi sonrisa dispareja (que ahorita me duele por los frenos).
Saudade: De "solitudinem" (latín) composición acercada a 'quedarse solo' y 'echar de menos'. En griego la palabra mío y solo (monos) era cercana a moné (quedarse), de ahí la raíz de monasterio, monje... y de ambas la saudade podría entenderse como 'quedarse sin' alguien o algún sentimiento.
En el fuego estático la llama no es ardor. Es una hemorragia lenta que toca la tierra de la infancia con un velo ígneo que no permite lamentarse por el adiós en el preescolar a la madre, la supuración del silencio al padre, la gravedad insuficiente en la sonrisa de la hermana.
Así, al final, queda el sol sobre nosotros. Sobra decir "como siempre" aunque sea la verdad. En la arena que se filtra entre mis dedos ya no se encuentran los vidrios con tu nombre. Sobre el mar hay nubes blancas y grises, también arcoiris y tornados. Esta sintaxis será la última sobre ti y como fantasma navegará en el puerto invisible a tu mirada.
Lejos del mar hay una plaza. Hay una banca en esa plaza. Hay una mujer sentada esperando que los minutos pasen en esa banca. Por supuesto que en el mar ocurre que la luna es más que una luz o un astro frío, ocurre que bajo el agua el cuerpo siente una suma de sensaciones primarias. El cuerpo recuerda el origen, la esperanza y la tristeza ahora ya desarrollada, pero la tristeza es más añoranza que esa decadente cerveza que infla cada vez más el vacío sin emoción que escurre de la tarde.
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